“La resolución de los problemas de la población está directamente relacionada con la calidad cívica, humana y profesional de sus servidores públicos”, explica Mara Robles, directora de la primera y única Escuela de Administración Pública del D.F. Es ineludible atender a los reclamos de la sociedad: la gestión del gobierno tiene que ser más eficiente y efectiva.
Actualmente, los indicadores de éxito se miden en cantidad (la cantidad del presupuesto, bienes y servicios que fueron repartidos y destinados a un fin), pero el enfoque debería ser hacia la resolución de problemas. Además, el sistema de ingreso, promoción y permanencia en el gobierno es discrecional.
Siguiendo modelos internacionales de democratización en el servicio público, Mara Robles receta la instauración del mérito como mecanismo de contratación y apreciación de los servidores públicos. Para medir los resultados hay que tener un sistema permanente de auditoría del desempeño, que retenga a los buenos y sancione a los deficientes. Además, hay que otorgarle capacidad vinculatoria con el Estado a la Escuela de Administración Pública; abrirla fue un paso importante hacia una ley de servicio civil, pero estos avances aún no han sido blindados por la legislación.
En el mundo
La ENA (Escuela Nacional de Administración), máxima instancia del gobierno francés, adquiere cuerpos directivos atrayendo a los mejores candidatos de universidades. Servidores públicos del más alto nivel dan clases y los candidatos deben realizar prácticas en alguna dependencia del gobierno. Al terminar, tienen un sello del Estado, independientemente del partido gobernante en turno.


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